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El sufrimiento es opcional

SOBRE EL DOLOR Y EL SUFRIMIENTO EN EL MERCADO DE LAS ILUSIONES

Una meditación de Don Quixote, con anotaciones de Sancho

En la mesa de la esquina, donde la luz caía como bendición que a veces erraba, Quixote sostuvo una tableta mostrando gráficos que descendían con la dignidad de cometas recordando la gravedad. Sancho sirvió café, porque toda filosofía necesita combustible.

—Mira, Sancho —dijo Quixote, trazando con el dedo una línea que caía—. El señor Murakami, escriba de tierras lejanas, nos legó una verdad que late como margen en el texto del mercado: El dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional.

Sancho se limpió las manos en el delantal, ese gesto que precede al sentido común.

—Suena a las cosas que dicen los que ya perdieron y aprendieron a cobrar por la lección.

—Exacto —respondió Quixote, con la sonrisa de quien ha confundido la pérdida con la trama—. En el reino del comercio y la especulación, el dolor se viste de pérdida. No importa cuán afilada tu espada de datos, cuán noble tu estrategia: las pérdidas te encontrarán. Los mercados son impredecibles como párrafos que el autor rescribe de noche. Incluso los planes más hermosos sangran en ocasiones.

—El dolor es el alquiler —dijo Sancho—. Lo pagas por estar vivo en el juego.

—Pero el sufrimiento[1] —Quixote levantó un dedo como quien marca superíndice— es la angustia emocional que uno elige añadir a la pérdida. Es decoración sobre el dato. Es el grito que añades cuando bastaba el suspiro.

Sancho consideró esto mientras partía una dona. La migaja cayó y aceptó su destino sin drama.

—¿Y cómo uno se niega al sufrimiento si el dinero se fue?

Quixote escribió en el aire, que para estos trámites se comportaba como pizarra:

I. Aprender de las Pérdidas

—Convierte la pérdida en lección legible —dijo—. Analiza: ¿por qué perdiste? ¿Qué oración falló? ¿Dónde el contexto te traicionó? La pérdida que se lee deja de ser solo dolor; se vuelve conocimiento con recibo.

II. Resiliencia Emocional

—No permitas que la pérdida edite tu cordura —continuó—. Mantén la disciplina, la perspectiva larga. El sufrimiento llega cuando dejas que un mal capítulo reescriba todo el libro. Recuerda: eres autor de tu reacción, no de la pérdida.

Sancho asintió, el gesto económico de quien entiende sin pagar de más.

—La pérdida es el hecho. El sufrimiento es el comentario que le agregas —resumió.

III. Gestión de Riesgos

—Limita el tamaño de tus apuestas —dijo Quixote—. Diversifica como quien escribe en varios márgenes, para que si uno se borra, los otros sostengan el sentido. No apuestes tanto que una pérdida te quite la pluma.

IV. Expectativas Realistas

—Y finalmente —Quixote cerró la tableta como quien cierra un libro que ya leyó—, acepta que los mercados son volátiles como narraciones sin editor. No hay garantías. Quien espera solo victorias no leyó las notas al pie de la historia.

Sancho sirvió más café, el ritual que vuelve oficial lo correcto.

—En resumen —dijo—, no puedes evitar que te peguen, pero puedes elegir cuánto gritas después.

—Poéticamente brutal, Sancho.

—Contablemente honesto, señor.

Quixote miró por la ventana, donde otros comerciantes caminaban con el peso de carteras ligeras y expectativas pesadas.

—El dolor es la tuición del mercado —murmuró—. Pero el sufrimiento es el interés que cobramos sobre nuestra propia derrota. Podemos negarnos a pagarlo.

Y en el margen de la mañana, donde las letras aún no decidían ser pérdida o ganancia, el café humeó con el aroma de la aceptación sensata: que lo inevitable se atiende, y lo opcional se elige con cuidado.


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